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Una ubicación difícil de igualar para una magnífica colección de escultura, reunida por Eduardo Capa, que se instalaba en el Castillo el 29 de junio de 1998, siendo en la actualidad la muestra más completa de Escultura Española Contemporánea. Preocupado por el arte durante toda su vida, Eduardo Capa, gran conocedor de la escultura y las técnicas que le son propias –no en vano es escultor y fundidor- y preocupado por la enseñanza de las mismas como catedrático de Bellas Artes, ha constituido este legado escultórico compuesto de más de setecientas piezas. Como coleccionista privado, su carácter entusiasta, inquieto y humano, es un ejemplo en cuanto a la valoración y conservación del Patrimonio Artístico Español. Su sensibilidad plástica y su generosidad han hecho posible que hoy esté a disposición del público que desee disfrutar del mismo. La Colección de Escultura Española del siglo XX, con diferentes lenguajes y conceptos estéticos diversos, pero siempre con un gran valor – es notable el número de esculturas declaradas Bien de Interés Cultural- , se conforma como exponente de época, y nos permite contemplar piezas importantes de gran maestría técnica, tanto en salas como al aire libre. Siguiendo una evolución cronológica podemos empezar a finales del siglo XIX, con la composición contrapuesta y romántica propia de los exóticos y burgueses, de la escultura de Miguel Blay, Agapito Vallmitjana, Aniceto Marinas, Agustín Querol o Mariano Benlliure, con un amplio número de obras. Escultores que dieron paso del siglo XIX al XX, defendiendo una escultura naturalista llena de elementos ilustrativos, de temas conmemorativos o anecdóticos y de costumbres, realizada con un profundo conocimiento del oficio y una indudable calidad, aunque desigual en la ejecución. También figuran los grandes renovadores del realismo hispánico: Victorio Macho, Julio Antonio o Emiliano Barral que superando la obsesión por el buen oficio buscan otros valores como la expresión del carácter, de la raza, la valoración del volumen o las propiedades puramente plásticas. Hay además un buen número de escultores, que desde distintas regiones, optaron por una obra de carácter regionalista, pintoresca o folklórica, pero que también irrumpieron en el retrato o en el tema religioso como Juan Bautista Adsuara, José Capuz, Julio Beobide, Manuel Alvarez Lavidad, Pedro de Torrre Isunza o Fructuoso Orduña entre otros. También los escultores figurativos y academicistas que defendieron desde distintas posturas las fuentes clásicas, en algunos casos matizadas por la corriente mediterránea de Mateo Inurria o la más convencional y retórica de Pérez Comendador,… Son clasificadas las obras de Planes, que ya en la posguerra, va a depurar su figurativismo abriendo una puerta de estilización simplificadora. Preocupados por la experimentación y el análisis más original de otros lenguajes: expresionismo, surrealismo, cubismo o abstracción, existe un grupo de artistas que constituyen la llamada Vanguardia: Manolo Hugué, representante de la Escuela de París junto a Picasso y Pablo Gargallo; Salvador Dalí, visto aquí como escultor surrealista en la figura de Newton que preside hoy el monumento de la Plaza que lleva su nombre en Madrid; y Angel Ferrant, que utilizó distintos materiales que rompen con la nobleza tradicional para incidir en el espacio con escasa masa y mucho gesto. Único es el conjunto de obras de Albero Sánchez, de distintas épocas y todas ellas de concepción original, no desprovistas de simbolismo dentro de una tendencia más organicista, inspirada directamente en la naturaleza. Ya en la segunda mitad del siglo, Cristino Mallo, con sus obras de pequeño formato, siempre llenas de expresión sencilla y natural, grandiosamente cotidianas. Los hermanos Oteiza –Jorge y Antonio- nos introducen en el expresionismo de raíces primitivas. Pablo Serrano, expresionista hasta la abstracción. Subirats, expresionista o abstracto, pero siempre esquemático. Interesante es la representación de esculturas de la Escuela de Madrid: Venancio Blanco trabajando el gesto, el movimiento y el hueco; y otros de la misma generación que parten de los setenta, como Francisco Toledo creando nuevas versiones de la realidad, César Montaña, jugando con la relación peso vació en bocetos expresivos, Juan Manuel Castrillón, que llega a un cierto eclecticismo, Jesús Valverde... Se muestran también los artistas abstractos como Martín Chirino o Amadeo Gabino y los realistas capitaneados en calidad por Julio López Hernández y Miguel Ángel Sánchez. |
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