Singladura de la Escultura. Siglo XX

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                   Desde octubre, la Fundación Eduardo Capa destina la Sala Taberna a mostrar nuevas obras de su Colección, completando con ello la magnífica muestra de escultura, cerca de 400 obras, que se exhibe en el emblemático Castillo de Santa Bárbara de Alicante, indiscutible centro de referencia en lo que a escultura española del siglo XX se refiere.

                  El conjunto, formado por 75 obras,  permite contemplar pasos fundamentales de la Escultura Contemporánea: desde el realismo a la abstracción, desde el más virtuoso modelado al expresivo abocetamiento, desde obras-bloque a aquellas que dialogan libremente con el espacio, desde temas y conceptos hiperrealistas a fantasías personales, desde piezas portadoras de los valores clásicos de la escultura a las más actuales e iconoclastas. Una amalgama de ideas, procedimientos y conceptos que, convertidos en realidades escultóricas, han hecho posible la evolución y modernización de la Escultura en España.

                 Se comienza la singladura con una obra del belga Meunier representativa de la temática social de finales del XIX. El paso del XIX al XX en España se encuentra marcado por autores que se mueven desde conceptos oficiales, decimonónicos y estereotipados (Vallmitjana, Benlliure, Coullaut Valera) a artistas contemporáneos realizadores de un arte sensible y poético (Mateo Inurria, Blay). Por la misma época, los conceptos del mediterraneísmo imperante (Casanovas, Capuz) encontraron su contestación en escultores (Victorio Macho) que realizan un arte duro, de agresivos trazos angulares muy cercano al carácter castellano. Los escultores que se forman en estos momentos (Álvarez Laviada, Juan Adsuara, Pérez Comendador, Vassallo Parodi, Moisés de Huerta) buscan, imbuidos de conceptos más o menos académicos, la rotundidad formal sin concesiones.

            Ya en la España de la postguerra, destacan escultores que cultivan una figuración no académica, ejecutando formas estilizadas sin detalles anecdóticos (Planes), o, por el contrario, recalcando los rasgos que identifican a los personajes que se convierten en cronista de la sociedad urbana (Cristino Mallo). Sin olvidar a los escultores que se fueron de España,  los que volvieron realizan una figuración muy expresionista que se adentra por los caminos del constructivismo (Jorge Oteiza) y de la abstracción (Pablo Serrano);  otros, continúan ese mismo camino aunque nunca volverán (Badía).

            A partir de la segunda mitad del siglo, se irán perfilando dos claras tendencias: artistas que siguen indagando en la corriente abstracta (Amadeo Gabino, Vaquero Turcios), y los que bucean en la recuperación del realismo, hasta la literalidad (López Hernández). Como postura intermedia cabe mencionar a la Escuela de Madrid (Venancio Blanco, Castrillón, Paco Toledo), formada por escultores de sólida formación académica que, por diversos caminos, contribuyen a una comprometida modernización de la escultura.

           Las obras que se presentan de la generación siguiente, (Blasco, Cañero, Lechuga) son indicativas de los buceos y búsquedas de la escultura actual. Se termina la exposición con una obra de la alicantina García Torres, que podría estar enmarcada dentro del neoconstructivismo.

                    En lo referente al material, la mayoría son obras fundidas en bronce, pero también se han querido mostrar dibujos, muchos de ellos  bocetos, primeros pasos del largo proceso de ejecución de una obra escultórica. Entre ellos, cabe mencionar el conjunto de dibujos –apuntes de escenas taurinas y flamencas, retratos y bocetos de niños preparatorios de obras definitivas- realizados por Mariano Benlliure y que se muestran al público por primera vez.

         Así, entendemos que esta conjunción de escultura y dibujo contribuye a completar, de la manera más idónea, esta selección bien ilustrativa de la evolución de la escultura española contemporánea.

Desde octubre, la Fundación Eduardo Capa destina la Sala Taberna del Castillo de Santa Bárbara, que habitualmente se ocupa con exposiciones temporales, a mostrar fondos de su Colección permanente, completando con ello la magnífica muestra de escultura, cerca de 400 obras, que se exhibe en el emblemático Castillo de Santa Bárbara de Alicante que, con esta nueva sala, se convierte en un centro de referencia en lo que a escultura española del siglo XX se refiere. El conjunto seleccionado, formado por 75 obras,  permite contemplar pasos fundamentales de la Escultura Contemporánea que van desde el realismo a la abstracción, desde el más virtuoso modelado al expresivo abocetamiento, desde obras concebidas como bloques cerrados en sí mismos a aquellas que dialogan libremente con el espacio, desde temas y conceptos hiperrealistas a las fantasías personales, desde obras portadoras de los valores clásicos de la escultura a las más actuales e iconoclastas. Una amalgama de ideas, procedimientos y conceptos, convertida en realidades escultóricas, que han hecho posible la evolución y modernización de la Escultura en España.

Se comienza la singladura con una obra del belga Meunier representativa de la temática social de finales del XIX. El fin del XIX y los inicios del XX en España se encuentra marcado por autores que se mueven desde conceptos oficiales, decimonónicos y estereotipados (Vallmitjana, Benlliure, Coullaut Valera) a artistas contemporáneos realizadores de un arte sensible y poético (Mateo Inurria, Blay). Por la misma época, los conceptos del mediterraneísmo imperante sobre todo en Cataluña, pero también en le Levante (Casanovas, Capuz) encontraron su contestación en escultores (Victorio Macho) que realizan un arte duro, de agresivos trazos angulares muy cercano al carácter castellano. Premeditadamente, los escultores que se forman en estos momentos (Álvarez Laviada, Juan Adsuara, Pérez Comendador, Vassallo Parodi, Moisés de Huerta) buscan, imbuidos de conceptos más o menos académicos, la rotundidad formal sin concesio.   Dentro de la España de la postguerra, destacan escultores que cultivan una figuración no académica, ejecutando formas estilizadas sin detalles anecdóticos (Planes), o, por el contrario, recalcando los rasgos que identifican a los personajes que se convierten en cronista de la sociedad urbana (Cristino Mallo). Por su parte, están los escultores que se fueron de España: mientras los que volvieron  realizan primero una figuración muy expresionista que se adentra por los caminos del constructivismo (Jorge Oteiza) y de la abstracción (Pablo Serrano);  otros, continúan ese mismo camino aunque nunca volverán (Badía)

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A partir de la segunda mitad del siglo, se irán perfilando dos claras tendencias: artistas que siguen indagando en la corriente abstracta (Amadeo Gabino, Vaquero Turcios), y los que bucean en la recuperación del realismo, hasta la literalidad (López Hernández). Como postura intermedia cabe mencionar a la Escuela de Madrid (Venancio Blanco, Castrillón, Paco Toledo), formada por escultores de sólida formación académica que por diversos caminos – se debaten siempre en la depuración de formas llegando a lenguajes muy abstractos- contribuyen a la modernización de la escultura.

Las obras que se presentan de la generación siguiente, (Blasco, Cañero, Lechuga) son indicativas de los buceos y búsquedas de la escultura actual. Se termina la exposición con una obra de la alicantina García Torres, que podría estar enmarcada dentro del neoconstructivismo.En lo referente al material, la mayoría son obras fundidas en bronce, pero también se han querido mostrar dibujos, muchos de ellos  bocetos, primeros pasos del largo proceso de ejecución de una obra escultórica. Entre ellos, cabe mencionar el conjunto de dibujos –apuntes de escenas taurinas y flamencas, retratos y bocetos de niños preparatorios de relieves que se encuentran en los fondos- realizados por Mariano Benlliure y que se muestran al público por primera vez.

El dibujo es el paso inicial, la plasmación de ideas en dos dimensiones que, en ocasiones, serán la base de obras que poco a poco se irá definiendo y tomando forma en tres dimensiones,  en los bocetos de barro y escayola. Para todo artista el dibujo es imprescindible, pero para los escultores se convierte en una herramienta rápida y útil en el largo proceso creativo. A veces, es un modo de ejercitar la mano; otras, un mero gusto del dibujo en sí mismo; otras, la fórmula para tomar apuntes del natural. Pero casi siempre es un método para generar ideas escultóricas y realizar bocetos que servirán de base para esculturas o bien quedarán como ideas latentes. Por ello, los dibujos realizados por los escultores suelen tener un trazo más firme y seguro,  una sensación de solidez que emana de los fuertes contrastes sombreados que les ayudan a aproximarse a las calidades volumétricas.      Así, entendemos que esta conjunción de escultura y dibujo contribuye a completar, de la manera más idónea, esta selección bien ilustrativa de la evolución de la escultura española contemporánea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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